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Entrevista con Brenda, una militante de la JOC Guatemala que estuvo en la OIT PDF Imprimir E-mail

“Todos somos trabajadores, todos tenemos derecho a organizarnos”

 

 

¿Qué papel tienes en tu movimiento nacional?


Soy militante en el grupo coordinador de la JOC Guatemala. Somos un pequeño equipo, todos en calidad de militancia que coordinamos las actividades de los grupos.

 

¿Cuáles son las actividades principales que lleva a cabo la JOC Guatemala ahora?

 

Nuestras prioridades son las acciones personales desde nuestros lugares de trabajo. Además de esto tenemos contemplada la extensión del movimiento. Estamos haciendo un proceso de investigación e iniciación en dos ciudades más y tenemos el acompañamiento de nuevos grupos base que han surgido dentro del área metropolitana de la Ciudad de Guatemala (la capital).

 

Y ¿cuál es tu experiencia personal de acción?

 

Yo casi todo el tiempo he trabajado en el gobierno. Ahí hay un problema de flexibilización laboral. Hacen contrataciones que les permiten disminuir los derechos laborales. En mi último empleo en una institución de derechos humanos, la mayoría de la gente trabajaba sin tener acceso a los derechos laborales establecidos. Siendo una institución de derechos humanos, era una contradicción muy fuerte.

 

Justo llegó el año de elecciones y en Guatemala normalmente cambian a todo el personal de las instituciones públicas cuando hay cambio de gobierno. Entonces teníamos la amenaza de despido así latente, analizamos la posibilidad que llegara de nuevo al poder un gobierno militar y finalmente decidimos crear un sindicato que tenía 3 objetivos.

 

¿Cuáles eran esos 3 objetivos?

 

El primero, más personal, era la defensa de nuestro derecho a trabajar, a continuar trabajando porque somos personas que hacemos un buen trabajo.

El segundo era sentar un precedente, mostrar que en el tipo de contratación que tenemos, sí podemos unirnos y organizarnos en sindicatos porque en Guatemala se supone que sólo los trabajadores fijos pueden hacerlo. Nosotros decíamos: “No, todos somos trabajadores, todos tenemos derecho a organizarnos.

El tercero, que era más una cuestión de principio general, era la defensa de los derechos humanos. Decíamos: “Si ahora vuelve un gobierno militar, tenemos la obligación de denunciar las violaciones a los derechos humanos, de jugar un papel más crítico hacia lo que hacen las instituciones del estado.

 

Entonces organizamos un sindicato. La institución tiene 150 trabajadores aproximadamente y 43 son miembros del sindicato, o sea casi la tercera parte con otras personas que apoyan. Construimos dos estrategias: creamos el sindicato como una entidad administrativa que nos permitía negociar y luego planteamos una serie de reivindicaciones laborales.

 

Demandamos la estabilidad laboral, que se quitara esa diferenciación de contrataciones y que se reconocieran a todos los trabajadores los derechos legalmente establecidos. En caso de despidos, demandamos negociaciones en una junta de negociación integrada por trabajadores y patronos para examinar cada caso. Demandamos un aumento salarial porque muchos ni siquiera tenían acceso al salario mínimo. Y pedimos la mejora de las instalaciones porque estábamos en un edificio peligroso.

 

Y ¿qué pasó con el nuevo gobierno?

 

Todas las negociaciones que hicimos, las hicimos con el nuevo gobierno y logramos una estadidad laboral por un año más porque la mayoría hubiera sido despedida inmediatamente. Logramos negociar algunas cosas, por ejemplo casos de despidos, de acoso, de descanso postnatal, haciendo uso de los convenios internacionales y de la legislación nacional.

 

¿Sigues trabajando ahí?

 

No. Yo tuve que salir de la institución. Desde la JOC acompañamos un poco desde lejos.

 

Mencionaste que el sindicato hizo uso de los convenios internacionales. Ahora viniste a Europa y fuiste a la Conferencia de la OIT en junio. ¿Qué aprendiste? Y ¿piensas que la voz de la juventud obrera se escucha ahí?

 

Sí, se escucha definitivamente. Nos habían dicho que lo más importante es alcanzar esa participación porque todos los aportes que brindamos quedan dentro del informe. Para mí, la participación en la OIT ha sido un proceso muy interesante: no es sólo el hecho de haber venido aquí y de haber estado en la conferencia 10 días, sino que tiene que ver con un proceso un poco más largo. Nosotros, desde América, hemos tenido un proceso de coordinación, via Skype y correo electrónico, de acercamiento, de conocer las acciones que va desarrollando cada quien, las posturas políticas de los países. Estuvimos discutiendo desde el inicio cuando nos llegó la solicitud de la JOCI de mandar a alguien a la conferencia. Decidimos que era importante ir para denunciar y dar a conocer nuestra realidad. Es importante también porque es una dimensión internacional que no siempre nos llega. A veces pareciera que nosotros estamos luchando y hacemos nuestras reivindicaciones en un sentido más concreto, más directo, pero también hay que encontrar la forma de incluirlas en los términos que internacionalmente se utilizan.

 

Fue un lugar de aprendizaje para mí.

 

En Ginebra ¿con quién hablaste de los problemas de la juventud trabajadora?

 

Estuve en la comisión de protección social en el nuevo contexto demográfico. Hubo discusiones interesantes. Me gustó muchísimo. Me pareció que los trabajadores estaban tan bien organizados, su defensa fue muy profunda, muy buena en comparación con los mismos patronos y con los gobiernos.

 

Nosotros [la JOCI] participamos allí. Hicimos un documento con todas las reivindicaciones que nosotros desde América tenemos y yo lo leí. Y en el documento final de la conferencia aparecen las reivindicaciones nuestras.

 

Uno piensa que nadie te escucha allí, que nadie te va a poner atención porque nosotros participamos como a las 7 ó las 8 de la noche, pero no, verdad, porque a los días siguientes, cuando íbamos saludando a gente nos decía “escuché su participación… muy buena”.

 

En la comisión de normas que examina casos más concretos, también tuve la oportunidad de hablar con la delegación de Guatemala – mi país – e intercambiar con el delegado oficial del sindicato para hacerle un poco de presión.

 

También tuvimos reuniones con otras organizaciones internacionales, movimientos de juventud.

 

Realmente fue una bonita experiencia.

 
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