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Testimonio de Teresa PDF Imprimir E-mail
{mosimage} Me llamo Teresa. Tengo 33 años y soy natural de las Filipinas. Vengo de una familia numerosa con cinco hermanos y tres hermanas. Antes de nacer, mi padre que era mecánico de mantenimiento de los neumáticos de los camiones de una gran empresa azucarera, tuvo un accidente laboral. Se lesionó de gravedad en la cabeza y ya no pudo trabajar más.

Un día después de la operación, el abogado de la empresa, aprovechando su suma debilidad le hizo firmar un documento en el que declaraba que no pediría ninguna indemnización. Hoy mi padre sigue con la misma debilidad y tiene dificultades para concentrarse.

Esa fue mi primera experiencia importante sobre la injusticia.

¡Agarraos a vuestros sueños!

Tras el accidente, mi madre que es una mujer con un valor increíble, comenzó a trabajar de cocinera para familias adineradas. Se levantaba a las tres de la mañana, preparaba la comida y compraba también los productos al vecindario para ir a venderlos a la ciudad. Nosotras fabricábamos caramelos y los vendíamos en los pueblos vecinos los sábados y domingos. Yo sentía vergüenza y miedo.

Teníamos lo justo para comer pero mi madre siempre observaba la regla de esperar a que todos estuvieran antes de ponerse a comer. Vivíamos todos hacinados en una sola habitación pero éramos felices. Mi madre siempre nos decía: “agarraos a vuestros sueños y algún día encontraréis trabajo”.

Mi madre dejó el colegio a una temprana edad y mis padres querían ofrecernos la mejor educación posible. Mi idea era construir una casa y ser maestra. Pero era consciente que mis padres no podían costeármelo.

Con un lápiz y un cuaderno como único material, participábamos en todas las actividades escolares. No tenía zapatos pero pudo pedir prestado un uniforme del colegio. Después del bachillerato, quise encontrar trabajo en Manila pero me enfermé y mi hermano me animó a cursar estudios de secretariado.

Mi primer combate y mi primer encuentro con la JOC

Después de mis estudios, empecé a trabajar en Manila en una fábrica llamada ‘Catchline’. Estuve entre las diez primeras trabajadoras de la plantilla de la fábrica que cuenta hoy con más de 200. Nos considerábamos las “pioneras”. Trabajaba seis días por semana, de las 7 a las 16 horas, por 88 pesos por días (unos 2 US$). Fabricábamos molinillos y anzuelos para cañas de pescar y teníamos que fijar los minúsculos anzuelos sin guantes de protección. Acababa la jornada con los dedos en sangre y la vista cansada.

Después de tres años de trabajo todavía no tenía contrato. Con mi hermana que también trabajaba en la fábrica fuimos a quejarnos a la dirección que acabó aceptando regularizar a unas diez trabajadoras de las 200 que éramos ( !), concederles vacaciones pagadas, protección social, el pago de las horas extraordinarias y una dieta de 250 pesos por día. Yo estaba entre las diez pero no estaba satisfecha. La dirección me propuso hacer un trabajo de secretaría pero yo no quise, pues quería quedarme con mis colegas.

Nuestra fábrica era una filial de Mustad y allá los trabajadores tenían sindicato. Fui invitada a participar en algunas de sus reuniones et fue así como conocí la JOC, pues el presidente del sindicato, Cali, era también miembro de la JOC.

Un día, mi hermana y yo llegamos tarde a la fábrica y no fuimos autorizadas a ocupar nuestro puesto de trabajo. Cansadas de esperar al jefe, volvimos a casa. Al día siguiente el jefe nos suspendió por una semana. Hicimos inmediatamente una demanda judicial por despido abusivo y por el no pago de las vacaciones pagadas y de las horas extraordinarias.

Comencé a sensibilizar a mis colegas. Con siete de ellos, establecimos una agrupación secreta con el fin de formar un sindicato en Catchline. Cada uno debía contactar a un nuevo colega, y entre una cosa y otra llegamos a ser unos 70 trabajadores reuniéndonos en la pausa del mediodía. El permanente de la JOC atendía las reuniones a menudo. Tuvimos elecciones y fui elegida presidenta del sindicato!

Seguí defendiendo mis derechos, o mejor dicho, nuestros derechos.

La jefa me llamaba cada día a su despacho e intentaba culpabilizarme porque me negaba a aceptar el trabajo de secretaria que no dejaba de proponerme. ¡Yo quería defender mi derechos, o mejor dicho, nuestros derechos!

Asimismo comencé a participar en las actividades de la JOC y hablaba de la JOC en las reuniones del sindicato. Después de varios meses de lucha, acabaron cerrando la fábrica pero seguimos la acción ¡con una demanda judicial que nos dio la razón!

Mi lucha sigue en otros lugares

Después de haber sido voluntaria en la JOC, fui permanente para la región de Metro Manila y responsable de la organización de los trabajadores en la fábrica Sackline. En base a mi experiencia, comencé a tener reuniones con 5 trabajadores durante las pausas. Cada uno de nosotros debía movilizar a otros dos trabajadores que a vez harían lo mismo.

No sé si Sackline fue o no una experiencia positiva, pues en el caso de Catchline, la empresa decidió cerrar después de las demandas judiciales interpuestas por los trabajadores y acabaron perdiendo el empleo. Sin embargo, tres de los dirigentes pasaron a ser permanentes en la JOC y continúan la lucha hoy en día.

En cuanto a mi, me eligieron presidenta nacional de la JOC de Filipinas y luego miembro del equipo de Asia-Pacífico. Mi lucha continúa a otro nivel, aunque siempre al lado de los trabajadores en la base.

Mi sueño

Sueño con un mundo en el que cada cual toma conciencia de su realidad y actúa por cambiar la situación. Un mundo en el que los trabajadores nos movilizamos para exigir un empleo digno y seguro.
  • Un monde où les travailleurs se mobilisent pour réclamer un emploi digne et sûr…
  • Un mundo de justicia para todos, en el que todos estemos en pie de igualdad …
  • Un mundo en el que cada cual pueda vivir con dignidad.
 
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