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Testimonio de Maria PDF Imprimir E-mail
{mosimage}Maria, 20 años, originaria de la ciudad de Negresti, en el noroeste de Rumania. Hoy vive en Baia-Mare a unos 50 km, porque como explica, en su ciudad natal la mayoría de los jóvenes trabajadores tienen dificultades para encontrar un trabajo.

“Los jóvenes aceptan trabajos sin contrato, solo para ganar dinero. Es difícil sobrevivir. Los alimentos y los alquileres cuestan mucho. Muchos viven con sus padres y dependen de la ayuda de los amigos. Están continuamente endeudados”.

Muchos emigran debido a las malas condiciones laborales

En Negresti, los jóvenes trabajan generalmente en una de las dos grades fábricas o si no son vendedores, trabajan en restaurantes, panaderías o son conductores en las empresas.

“Muchos emigran debido a las malas condiciones laborales o los salarios bajos. Mi madre se ha marchado a trabajar a Canada durante 9 meses, pero hoy no queda nada del dinero que ha ganado allí”

Como trabajadora sin contrato, Maria tuvo que enfrentarse con las dificultades que tienen muchos jóvenes de su ciudad natal.

“Estuve trabajando un año en una pequeña tienda de alimentación. Trabajaba 14 horas diarias pero sólo me pagaban por 8 horas trabajadas. Hacía lo que podía, limpiaba, organizaba el almacén, construí una buena relación con los clientes. Tenía la esperanza de que mi jefe cumpliera la promesa de hacerme un contrato”.

“Durante todo el periodo que trabajé en la tienda, he aprendido a conocer a los clientes. Eran jornaleros que trabajaban desde las 7:30 de la mañana hasta las 21:00. También había emigrantes que trabajaban como leñadores para una empresa privada, sin protección ni equipamiento de seguridad. A veces tenían que esperar mucho tiempo antes de recibir su salario. Yo tenía que tener la tienda abierta hasta tarde para que ellos pudieran pasar después del trabajo. Eran los clientes más importantes. Un día, uno de ellos se ha partido la pierna pero ha tenido que ir al hospital sin poder beneficiarse de ninguna cobertura médica. Los trabajadores nunca se quejaban de sus condiciones porque el patrón de la empresa les daba alojamiento.

Su lugar de trabajo no valía nada pero necesitaban ese dinero

Maria cree que era la falta de seguridad y la incertidumbre las que limitaban su acción.

“Yo veía que los leñeros estaban enfadados ante la experiencia que vivían pero estaban acorralados. Sabían que su lugar de trabajo no valía nada pero necesitaban realmente ese dinero. Habían venido a la ciudad para buscar trabajo, solo para tener dinero para sobrevivir”

Cuando Maria conoció el movimiento JOC, poco a poco fue concienciandose de sus derechos en el lugar de trabajo.

“Los trabajadores desconocen el sistema de seguridad social. Si no tienes contrato tampoco tienes protección laboral ni seguridad después de los años trabajados. Por ejemplo, yo no sabía que tenía la posibilidad de apuntarme a la oficina del paro aunque no tuviera contrato.

María ha conocido la JOC a través de un amigo que la ha invitado a un fin de semana social. La JOC hacía un trabajo humanitario, ayudando a las personas sin familia.

“Un año después he encontrado a la coordinadora, Raluca, que nos ha enseñado el método de la JOC. Después de la formación, las cosas estaban más claras. He empezado a tomar responsabilidades en la JOC y he participado en el Proyecto Global de Formación donde he oído las acciones que la JOC realizaba”.

Yo respetaba a mi jefa, justo hasta el día cuando me he concienciado.

“Gracias a la JOC he aprendido que me hubiera podido apuntar en la oficina del paro como trabajadora sin contrato. Un fin de semana quería participar en un encuentro de la JOC, entonces he trabajado el sábado toda la jornada y solamente medio día el domingo, pero por ese fin de semana, mi jefa sólo me ha pagado una jornada entera. Me he enfadado y he empezado a cuestionar ese sistema”.

“Yo me quejaba siempre del gobierno, pero nunca me quejaba ante mi jefa. Yo la respetaba mucho, hasta el día en el que me he concienciado de la realidad”.

“Entonces ha comenzado mi acción ante mi jefa. He reclamado un contrato pero ella siempre lo posponía, advirtiéndome que tendría menos dinero debido a los impuesto que debería pagar. Tenía que volver a la carga sin cesar y ella siempre me ponía excusas. He seguido trabajando 14 horas diarias mientas que estaba pagada por 8 horas”.

Mi decisión estaba clara...Quería un contrato

“Me volvía tarumba. Cuando reclamaba el contrato ella respondía con cuestiones. “Tienes que reflexionar bien” me decía. “Quieres un contrato o 20% de aumento salarial? Yo he seguido reclamando mi contrato por todo lo que había aprendido en la JOC. Me ha dado una semana para reflexionar pero para mí la decisión estaba clara, yo quería un contrato. Al final de esta semana de reflexión me ha dado 2.000.000 de lei rumanos de mano a mano, para intentar tentarme. Fue una ofensa para mi, porque era como si ella tenía la impresión que yo solo trabajaba por el dinero”.

“Finalmente he decidido dejar el trabajo. Mi acción ha sido decidir no seguir con este trabajo salvo si tenía un contrato. Había perdido un año más sin contrato – un año más sin protección.

“Mi jefa a cogido a otras dos personas en mi lugar – una madre y su hija. Tampoco ellas aceptaban trabajar sin contrato pero yo les he dicho que tenían que exigirlo y les he informado de sus derechos y de la protección que perderían sin contrato”.

Mi sueño

“Mi sueño es tener un empleo – con un contrato! Quiero tener una vida estable”.
 
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