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Trabajadores migrantes: La voz de un trabajador filipino expatriado PDF Imprimir E-mail

 

Me llamo George Verzosa, soy originario de Calbayog City (al sur de Filipinas). No terminé mis estudios porque mis padres no disponían de los recursos necesarios para enviarnos a mis hermanos, hermanas y a mí a la escuela. Emigré a Manila para buscar un empleo y trabajé con un contrato de agencia en una fábrica de bolsas como operador de máquina. Ganaba el salario mínimo, pero algunos de mis camaradas de trabajo tenían menos que el salario mínimo. Cuando hacía horas extras y ganaba más dinero, lo enviaba a mi familia en mi provincia.

 

Nos obligaban a trabajar a un ritmo sostenido porque debíamos alcanzar una "cuota" y querían un excedente de producción. Cuando no lográbamos la cuota diaria requerida, nos deducían una suma de nuestro salario. Pero si sobrepasábamos la cuota de producción, no recibíamos ninguna prima.

 

En 2014, mi empleo se volvió cada vez más precario. Trabajaba solamente tres a cuatro días por semana. La política era "no trabajo, no salario"; en consecuencia, los días en que no tenía trabajo, no tenía ingreso. Para mí se volvió extremadamente difícil ayudar a mi familia e inclusive satisfacer mis propias necesidades porque alquilaba también un apartamento.

 

Mi experiencia de trabajo en Arabia Saudita

 

Esta situación me forzó a tomar la decisión de partir a trabajar al extranjero. Busqué una agencia que me envió al Reino de Arabia Saudita. Tuve que pagar montos importantes, especialmente los gastos de tratamiento del dosier y los gastos de colocación. Leí el contrato y todo me parecía bien, entonces firmé. Cuando llegué allá, trabajé en un restaurante como panadero y preparaba también los pollos asados. Después de dos meses estaba muy frustrado. El contrato que había firmado no era respetado. No me pagaban el salario de base previsto, ni las horas extras, no tenía días de descanso y mis horarios eran excesivamente largos.

 

En la JOC aprendí a defender mis derechos y los principios humanos elementales. Entonces hablé con mis colegas del contrato que habíamos firmado. Decidimos entonces hablar con nuestro empleador árabe. Su única respuesta fue decir que el contrato había sido firmado en Filipinas y no en Arabia Saudita. Los únicos días de vacaciones reconocidos eran los días de enfermedad o de hospitalización. El pago de las horas extras estaba ya incluido en el salario mensual. Nos pidió regresar inmediatamente al trabajo y nos amenazó con reducir nuestro salario si no trabajábamos correctamente.

 

Algunos meses más tarde, fuimos transferidos a otra filial del restaurante. Allá, de nuevo, hablé con mi nuevo empleador de los problemas de salario, de los días de vacaciones y de las horas extras. La dirección creó falsas acusaciones contra mí. Algunos días más tarde, me pidieron hacer mis maletas y fui expulsado a Filipinas, sin recibir mi salario de 1 mes y medio. No pensaba tener que partir ese día, no tuve otra opción que abandonar mis objetos personales.

 

Mi regreso a Filipinas y mi combate por mis derechos

 

Cuando llegué a Filipinas, tuve una reunión con la agencia de colocación para discutir de lo que había ocurrido. La agencia argumentó que no podía hacer nada y que no podía dar continuidad al contrato de trabajo que había sido concluido.

 

La JOC me ayudó a dirigirme al Organismo Filipino del empleo en el exterior (POEA) para explicar lo que me había ocurrido. Convocaron la agencia y tuvimos tres audiencias sobre el dosier que me concernía. Durante la segunda y tercera audiencia, ellos intentaron forzarme a aceptar 50.000 pesos (1000 euros) pero yo no estaba de acuerdo.

 

El dosier fue transferido a la Comisión nacional de relaciones de trabajo (NLRC) por recomendación del conciliador. Nos defendió el abogado Maravilla, simpatizante y consejero jurídico de la JOC de Filipinas. Tuvimos cuatro audiencias.

 

Fuimos informados de la decisión en 2016:  gané mi acción contra la agencia. La agencia fue condenada a pagarme 300.000 pesos (6.500 euros) de compensación.

 

Trabajar en el extranjero es una decisión difícil, pero nos queda otro remedio. Filipinas registra una escasez de empleos y según las estadísticas más o menos 3.500 filipinos salen del país cada día para buscar trabajo en el exterior. Incumbe al estado crear y brindar empleos en el país, y si no es el caso, proteger a los ciudadanos que trabajan en el extranjero.

 
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