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Testimonio de Rameau PDF Imprimir E-mail
{mosimage}Yves Rameau Beltéus, 33 años, Haití. Soy el más pequeño de una familia de 4 hijos. Soy originario de Cayes, la tercera ciudad más importante del país. Mi padre ha fallecido hace 4 años y mi madre trabaja en casa porque tiene ya 75 años.

En mi cultura, los últimos y los primeros disfrutan de todos los privilegios de la familia. Después de la muerte de mi padre, hemos estado obligados a solucionar todo para que la vida continuara. Haití está considerado como el país más pobre del continente pero a pesar de la miseria, mis padres han dado todo para permitirnos orientarnos en nuestra vida. Todos nosotros hemos hecho estudios universitarios para poder salir de nuestra condición. En la escuela siempre hemos sido conscientes de nuestra situación y eso nos ha ayudado a ser lo que somos hoy día.

Quiero daros conocimientos

La vida no ha sido muy fácil para mis padres, sobre todo en los periodos de lluvia y de ciclones. Para permitirnos ir a la escuela, mi padre y mi madre estaban obligados a llevarnos a sus espaldas para atravesar las calles inundadas. Cuando mi padre pasaba todo un mes trabajando en el campo para pagar nuestros alimentos y los gastos escolares mensuales (nosotros no íbamos a una escuela pública), mi madre hacía todo para que pudiéramos ir a la escuela. En nuestra cultura, si los padres querían que sus hijos pertenecieran a la clase intelectual, estos tenían que hacer muchos esfuerzos para que sus hijos pudieran terminar sus estudios y tener una profesión.

«No tengo dinero ni tierras para dejaros después de mi muerte, pero quiero daros conocimientos; la herencia que me gustaría dejaros es que forméis parte del mundo intelectual, esa es la riqueza más grande del mundo», nos decía mi padre siempre. «No quisiera que mi familia se divida después de mi muerte, como he visto en muchas familias», repetía mi padre. «Por esa razón me consagro en cuerpo y alma a trabajar para la felicidad de cada uno de vosotros». Mi papá no tenía un empleo fijo, cada dos o tres meses cambiaba de lugar de trabajo porque era empleado de los «Trabajos públicos, transportes y comunicaciones». Lo más habitual era que venía a casa el fin de semana y se volvía a marchar el lunes y a veces el domingo. A veces pasaba todo un mes fuera. También pasaba los días de fiesta allí donde estaba, en lugares alejados de la ciudad. Entonces mi mamá, que era modista, hacía todo en casa y se encargaba también de las tareas de mi padre. Nuestra familia era una referencia en nuestro barrio.

Vivíamos todos bajo un mismo techo sin complicaciones y éramos muy felices. Después de la boda de mi hermano mayor y la muerte de mi padre, yo era el único chico en casa con mi madre y mis dos hermanas mayores. Y ahora, desde mi ausencia, viven solas, todavía en mi ciudad natal. Mi hermano mayor vive ahora con su mujer y sus tres hijos cerca de la casa de mi madre.

Mi sitio estaba en la JOC

He entrado en contacto con el movimiento jocista cuando he participado en un campamento de verano de formación y de ocio en el sureste de Haití organizado conjuntamente por mi coral (la «Chorale Men Contre») y la JOC. En aquellos tiempos no me gustaba mucho hablar, pero durante ese campamento me he comunicado mucho con mis amigos y otros jóvenes. Después del campamento la JOC me ha invitado, a través de uno de sus coordinadores locales, Georges, que a su vez era mi mejor amigo de la infancia. He participado en una reunión y después en otras. He entrado en contacto con el método de la JOC, Ver-Juzgar-Actuar. Yo no comprendía todo pero teniendo en cuenta el trabajo que la JOC efectuaba en el mundo, he comprendido que mi lugar estaba en la JOC. Poco a poco aquí es donde he contruido mi nido.

Dos meses más tarde me he convertido en miembro de la JOC y he participado en sesiones de formación. Después he empezado a invitar a otros amigos para que participaran en el movimiento. En Haití, como el movimiento trabaja con jóvenes desempleados y aprendices y que la mayoría son estudiantes, hemos hecho cartas de fin de año, productos de macramé y vino para tener un poco de dinero para pasar las vacaciones. Cada domingo participaba en las reuniones. Poco a poco la luz de la JOC ha brillado en mi. 5 meses más tarde formaba parte de la coordinación local.

Mi primera acción

Tenía una experiencia en la organización de barrio y en la escuela. Mi primera acción fue sensibilizar a mis compañeros de clase y los jóvenes de mi barrio. Durante las vacaciones, organizaba con ellos campeonatos de verano y de ocio con el objetivo de ayudarles a superar la miseria que causaba estragos en el país y para permitirles pasar su tiempo libre escapando de la delincuencia. Junto con otro militante he formado un grupo con 10 jóvenes en otra zona y les he hecho participar en las actividades de la JOC.

Mi gran recuerdo de la JOC

Después he sido elegido tesorero nacional y liberado nacional. Hemos desarrollado una gran acción nacional a favor de la limpieza en un barrio de Cayes. Nos hemos manifestado y hemos presentado en el ayuntamiento, reivindicaciones concretas y realistas para que hubiera papeleras en el barrio. Nos hemos pasado más de un mes discutiendo con el alcalde y la gente del barrio para que buscaran dinero para tener las papeleras. Y lo hemos conseguido. Esta fue realmente una experiencia muy bonita y la gente del barrio han ido a felicitarnos por nuestro buen trabajo.

A continuación me convertí en secretario nacional. Después he sido elegido para la coordinación continental de la JOC de América. Vivo en Ecuador desde hace más de un año. Esto es una alegría muy grande para mis padres y los jocistas de Haití, porque yo soy el primer haitiano que ha llegado aquí.

Una historia que no olvidaré nunca

Después de mis estudios universitarios, he ido a vivir durante siete años a una comunidad religiosa, como religioso educador. Allí también he llevado acción. Cada año durante las vacaciones de verano, pasábamos 20 días con nuestras familias y el superior nos daba solamente 1500 gourdes, lo que corresponde al salario mínimo de un obrero en una fábrica. Además no teníamos derecho a ir a estudiar al extranjero. He tenido muchas reuniones con los jóvenes religiosos para que comprendieran que la paga extraordinaria que recibíamos durante las vacaciones no valía para nada y que nuestra formación era necesaria para dar una buena educación a los jóvenes en las escuelas del país. Después de tener bastantes dificultades, he obtenido dos días de reflexión con los responsables y he presentado reivindicaciones concretas. Finalmente la paga extraordinaria ha sido aumentada y han reconocido la importancia de los estudios en el extranjero para los jóvenes religiosos. Soñaba con cambiar las cosas y lo había conseguido.

Vivir y morir con los principios de la JOC

Siempre sueño con estar cerca de los trabajadores más despreciados, los más marginados, cercano a los más débiles y despojados, para que sus derechos sean respetados. Yo vengo de un país pobre, tengo que luchar por una reducción de la inflación y de la miseria en mi país y en otras partes. Actualmente aplico lo que he aprendido en la JOC: el respeto de los derechos humanos y la toma de conciencia personal que posibilite un cambio en las condiciones de vida de todas y todos. La JOC me ayuda mucho y quiero avanzar, vivir y morir con los principios y el método de la JOC. La JOC está en mi corazón hoy, mañana y siempre.

 
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