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Testimonio de Geethani PDF Imprimir E-mail

 

altMe llamo Geethani Peries, soy esrilanquesa y tengo 28 años. Vengo de una familia católica que vive en un pueblo pesquero que se llama Negombo. Soy la mayor y tengo dos hermanas más pequeñas. Mi padre es estañador ambulante en el sector informal, repara coches. Mi madre es ama de casa.

 

Cuando tenía 8 años, mi padre ha tenido problemas de salud, lo que ha provocado un choque en mi madre y problemas sicológicos. Hemos tenido que luchar mucho para hace frente a la situación. Yo he obtenido mi diploma en la escuela secundaria y quería buscar trabajo para ayudar a mi familia.

 

En Sri Lanka es muy fácil para las chicas encontrar trabajo en el sector textil, porque no hace falta una cualificación. Pero la mayoría de la chicas no quieren trabajar en este sector porque, para la sociedad, las obreras de fábrica son las hijas no cualificadas que no están bien para casarlas. Las que van a la fábrica no quieren decir dónde trabajan. A pesar de mis estudios, no he podido encontrar un empleo y mi situación familiar y financiera me ha obligado a trabajar en la fábrica textil.

 

 

Para ellos yo era el número 689

 

He empezado a trabajar como controladora de calidad. Nuestra fábrica empleaba a 600 obreros que producían ropa para los países europeos. El 99% eran mujeres de edades entre 18 y 28 años. Mi jornada laboral empezaba sobre las 7h30 de la mañana y terminaba normalmente a las 22h. Pero variaba cada día. Tenía que estar de pie todo el día para verificar la calidad de los productos. Podía hacer una pausa de café de 10 minutos a las 10 de la mañana y otra de media hora a las 13h para comer.

 

Hablar dentro de la fábrica no estaba autorizado. Teníamos una carta. Nos habían atribuido un número. Para ellos yo era el número 689. Cada día nos daban un objetivo de producción y venían a verificar todos las horas dónde estábamos. Al final de la jornada, si no habíamos alcanzado el objetivo, teníamos que hacer horas extras que no nos pagaban. No podíamos ir al servicio cuando queríamos. Habían introducido un sistema de carta y sólo podíamos ir al retrete dos veces al día. Si pedíamos ir más a menudo, al día siguiente la dirección nos amonestaba. En estas condiciones, las chicas preferían no beber y a mediodía comían en 10 minutos.

 

Mis piernas estaban hinchadas porque estaba todo el día de pie. Tenía la nariz llena de polvo oscuro. Me dí cuenta que perdía peso y me sentía cansada. Mi salario mensual básico era aproximadamente 2000 roupies esrilanqueses (18$). No me pagaban las horas extras. No había ningún registro oficial que dijera que trabajábamos. Recibíamos nuestro salario de mano a mano. Las nóminas no existían.

 

Me han pedido que hablara pero no me he atrevido

 

En aquel entonces había un grupo JOC en mi pueblo. Uno de los responsables ha empezado a seguirme. Cada tarde venía a mi encuentro y me invitaba a la JOC. Eso no me interesaba en absoluto e intentaba evitarle. El continuaba a hacerme muchas preguntas sobre mi trabajo, mis condiciones de vida y mi familia. Esto ha durado 3 meses y se ha convertido en algo imposible para mi. Entonces un día le he dicho: “De acuerdo, iré”. He ido a una reunión de su grupo base. Muchos jóvenes del pueblo estaban presentes pero yo no les había hablado nunca. Me he sentado en el suelo, en un rincón. Me han dado la bienvenida y cada uno se ha presentado con muchas amabilidad. Me han pedido que hablara, pero yo no me he atrevido. Yo miraba al suelo y hacía líneas con mi dedo. Me han animado a hablar. Me acuerdo que solamente he dicho mi nombre. Pero he escuchado al resto que compartían sus acciones de la semana, sus experiencias. Esto me ha afectado mucho. Pescadores, desempleados, jóvenes trabajadores en el sector informal, que no sabían ni leer ni escribir, compartían sus experiencias delante de todo el mundo. Esto me ha hecho reflexionar y he decidido continuar.

 

La JOC me ha hecho un líder

 

Después de esta primera experiencia, he asistido a la reunión del grupo base cada semana. Los responsables y los miembros me hacían muchas preguntas. Yo temblaba; al principio, no conseguía hablar en público pero poco a poco, mejoró, he compartido mi experiencia en la fábrica. Me he dado cuenta de la discriminación que existía en la fábrica; nuestros derechos como trabajadores eran violados. Hemos discutido nuestro papel en esta situación. He empezado a hablar más, a llevar las acciones personales y a hacer esfuerzos para cambiar mi situación en la fábrica y a mi misma.

 

En un programa de formación jocista en mi pueblo, mi grupo base me pidió que hiera una presentación sobre la historia de la JOC. Estaba aterrorizada pero lo he considerado como un reto. He recogido informaciones de los responsables, he leído libros y durante días y días he ensayado mi intervención delante del espejo. El día llegó, yo estaba nerviosa, me temblaban las piernas. La evaluación después de mi intervención fue positiva. Todo el mundo me ha animado y esto me ha reconfortado y motivado a continuar. He asumido diferentes responsabilidades en el equipo y que ha desarrollado mis capacidades de responsable.

 

Polvo de tejido por todas partes...

 

En mi grupo base he expuesto el problema del polvo de tejido que había en todas partes en la fábrica. Era difícil respirar y cada día mi nariz estaba llena de polvo oscuro. Hemos hablado de las consecuencias, de nuestros derechos...Como consecuencia de esa discusión mi acción ha sido ir a hablar a mi supervisora y a mis compañeras en la fábrica.

 

He dicho a mis compañeras que el polvo de tejido afectaba nuestra salud, pero ellas se han reído de mi diciendo que no podíamos llevar máscaras. Entonces he hablado con mi supervisora. Ella también se ha reído de mi y me ha dicho que volviera al trabajo. He explicado la situación en mi grupo JOC. Después me he protegido la nariz con un pañuelo. Todo el mundo se reía y hacía bromas. Estaba realmente avergonzada. He dicho a mi grupo base “no puedo continuar esta acción”. Pero el grupo me ha animado a seguir diciendo que al menos protegía mi salud. Por lo tanto he seguido en medio de 600 trabajadores. Después de algunos días, mis amigas me han preguntado por qué llevaba el pañuelo. Eso me ha permitido discutir con ellas y una o dos semanas más tarde, algunas trabajadoras han empezado a utilizar también un pañuelo. Cada día había más. He hablado con esas chicas de forma informal y he vuelto a formular mi demanda a la supervisora. Esta ha discutido con el director de recursos humanos y entonces nos han proporcionado una máscara. Esto ha tardado tres o cuatro meses, pero al final la acción ha tenido un éxito total.

 

Habíamos trabajado 18 horas y estábamos cansadas

 

En la fábrica no nos prevenían del trabajo nocturno. Cerraban la puerta principal y obligaban a las chicas a trabajar. Según la ley, las fábricas, deben informar a sus trabajadores de la necesidad de trabajar por la tarde y por la noche y los trabajadores pueden negarse. Pero mi fábrica nos obligaba a trabajar, sobre todo cuando había un plazo a respetar para el envío de productos. La ley exige alimentar a los trabajadores por la tarde y permitirles dormir al menos 2 horas. Un día nos han anunciado que todas las trabajadoras debían hacer el trabajo nocturno. Ya habíamos trabajado 18 horas y estábamos cansadas. Pero nos han amenazado y han cerrado la puerta principal. No teníamos elección. Hemos empezado a trabajar pero después de un tiempo, teníamos hambre. La fábrica no nos daba nada para comer. A las 22:00 hemos reclamado la cena. No era fácil encontrar comida para 600 personas a esa hora. Yo estaba muy enfadada. Entonces he escrito un mensaje en un trozo de papel, diciendo que deberíamos parar de trabajar hasta que nos dieran de cenar. Hemos pasado el papel de mano en mano en nuestra línea de producción, después en otra. Hemos parado de trabajar y hemos salido. Ellos nos han amenazado pero nosotras nos hemos negado a volver al trabajo. Finalmente nos han servido una cena ligera a las 23:30 horas.

 

Las acciones que he llevado en la fábrica han cambiado mi situación y la de mis compañeras. Me han animado, han desarrollado mis capacidades y he aprendido mucho.

 

Mis desafíos como responsable

 

No es fácil para una mujer que vive en un pueblo pesquero trabajar en la comunidad al lado de los chicos. Cuando he empezado en la JOC en mi grupo base, mi familia y mis parientes estaban enfadados conmigo. En el pueblo, una chica sólo debería tener amigas. He tenido muchos problemas porque muchos de mis amigos jocistas eran chicos, y se supone que las chicas no salen después de las 18h00. Pero yo asistía a las reuniones del grupo base a las 10 ó las 11 de la noche, después del trabajo.

 

He tenido que luchar mucho. Ha llegado el caso que mi padre me ha pegado porque la gente del pueblo se quejaba de mis reuniones nocturnas con los chicos. Mis padres estaban preocupados de mi futuro porque cuando hay ese tipo de cotilleos que circulaban sobre una chica, nadie quiere casarse con ella. Muchos chicos de Sri Lanka deséan casarse con chicas que todavía están en casa, que saben cocinar, encargarse de las tareas domésticas y que son muy discretas.

 

A veces, cuando tenía reunión, mi padre cerraba la puerta. Intentaba explicar e invitaba a mis amigos jocistas a venir a casa para hacer allí nuestra reunión. Entonces mis padres han entendido lo que hacíamos. Han empezado a apoyar mi trabajo en la JOC. No era fácil cambiar la mentalidad del pueblo pero he continuado mi trabajo como si no pasara nada y al final la gente se ha cansado de los cotilleos.

 

En el grupo base de la JOC, había muchos chicos. Estos no permitían a sus hermanas venir al grupo. Yo he empezado a cuestionarlo. Hemos discutido de ello, hemos interpelado a los chicos sobre su actitud y su respeto en relación a las chicas de la fábrica. Estas discusiones han llevado a acciones personales y colectivas sobre la participación de las mujeres.

 

Quiero que todas las trabajadoras de la fábrica luchen por sus derechos

 

Mi primera acción que he llevado ha sido con las jóvenes trabajadoras en una fábrica de la zona franca. Creo que tenemos derecho de ser respetadas como las demás mujeres de la sociedad. Anteriormente, yo también tenía miedo de decir “trabajo en la fábrica”. Pero hoy he recobrado la confianza gracias a la JOC. Quiero que todas las trabajadoras de la fábrica recobren su confianza, que luchen por sus derechos, que interpelen a la gente que las critican, que informen a la sociedad que nosotros contribuimos a una gran parte de la economía de exportación de Sri Lanka.

 

Debemos hacer que la sociedad comprenda que no somos objetos sexuales. Somos como las demás mujeres que nos critican en la sociedad, las madres, las esposas, las hermanas, las amigas. Debemos defender nuestros derechos, cambiar la mentalidad que la sociedad de Sri Lanka tiene sobre la mujeres.

 

Mi marcha hacia la responsabilidad internacional

 

He empezado con un grupo base y gracias a mis experiencias de acción en la JOC, he desarrollado mis capacidades de responsable. Esto me ha llevado al nivel nacional donde he sido presidenta nacional durante un periodo corto. Esto me ha planteado muchos desafíos como mujer. He tenido que luchar frente a muchos hombres en la sociedad. He aprendido mucho de todas estas experiencias y luchas.

 

Luego fui elegida para participar en el Consejo Internacional del 2000 en Bélgica. En aquel entonces ni siquiera hablaba inglés. Para los demás yo era la esrilanquesa tradicional, tímida. Esta fue mi primera experiencia internacional en la JOC. Esto fue un verdadero desafío para mi. Este encuentro me ha animado a aprender inglés. Los colaboradores de la JOC me han apoyado. He comunicado con mis compañeros regionales e internacionales en un inglés básico. Esto me ha permitido saber más de la JOC Internacional y sus acciones. Después he podido participar en diferentes foros internacionales de la JOC y de organizaciones de nuestra red.

 

Durante el Consejo Internacional de 2004, he sido elegida coordinadora regional para Asia-Pacífico. Sigo, por lo tanto, mi mandado viviendo muchas experiencias en el Movimiento.

 

Mi visión de la campaña para las mujeres

 

En todas partes del mundo, numerosas mujeres se confrontan a la misma realidad que yo. Es necesario que en la sociedad, las mujeres adquieran la suficiente confianza para luchar a favor de sus derechos, romper con los mitos y las normas que las rebajan. Creo que “la acción” es la única solución para cambiar la sociedad. Las mujeres deben asumir el liderazgo a todos los niveles.

 
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