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Testimonio de Nalini PDF Imprimir E-mail
{mosimage}Me llamo Nalini Peries. Tengo 21 años y vivo en Negombo, Sri Lanka. Cursé estudios superiores. Tengo dos hermanas, una mayor y otra menor que yo. Mi madre es ama de casa y mi padre es estañador. Es trabajador del sector informal.

Con 16 años trabajé en un taller del barrio que realizaba subcontratas. En el pueblo hay una mujer que trae las prendas de la fábrica de la zona franca y nosotras las confeccionamos. Debíamos hacer el decorado a mano. Realizaba unas cincuenta prendas por día. Me pagaba 2 rupias por prenda (menos de 0,02 $US). Lograba ganar hasta 100 rupias por día (0,91 $US). Pero no tenía ingresos fijos porque no había trabajo cada día. Sólo trabajábamos cuando la fábrica nos necesitaba. Esto lo hice tres meses. Luego pasé el examen de secundaria, dejé este trabajo y comencé estudios superiores.
Con 20 años terminé mis estudios. En aquella época tenía a una amiga trabajando en una empresa textil. Me invitó a trabajar con ella en la fábrica. La empresa era de Australia y se llamaba Hands International. Tienen dos departamentos en la fábrica: uno que produce guantes y otro, bolsos. Fui contratada en el departamento de bolsos.

Nunca olvidaré aquellos días. Aprendí mucho sobre las condiciones de las jóvenes trabajadoras. Veo que sólo somos máquinas. En todos los puestos de trabajo se veía que cada trabajadora trabajaba sin parar. Mi tarea era la de traer cajas llenas de cremalleras desde el almacén.

¡Madre mía, qué duro fue aquello! Después de traer las cremalleras del almacén tenía que controlarlas. Cada caja pesaba más de 30 kilos y yo peso 32 kg. Es que no podía. Cuando tenía la regla no podía llevar pesos tan pesados. Lo hablé con mi encargado pero no hizo nada por ello. No le preocupaba mi situación, como era chica no le interesaba. Todo lo que querían era que pudiésemos alcanzar los objetivos de producción. Cada mes tenía los mismos problemas. Si hubiese sido un chico, esto no me hubiera pasado. Después de cierto tiempo me enfermé por el peso que tenía que carta. Me dolía la columna y el médico me aconsejó no llevar más cargas pesadas. No tuve más remedio que dejar ese trabajo.

Cuando esto pasó me incorporé a un grupo de base de la JOC. Fue mi hermana la que me presentó la JOC. Ahora entiendo cómo este movimiento influye en mi vida. Comprendí que las jóvenes trabajadoras nos merecíamos mucha admiración y que el método del movimiento nos ayudaría a alcanzar nuestros sueños. Actualmente soy miembro del movimiento a nivel nacional. Me hace feliz poder trabajar junto con otros jóvenes y hago lo posible por cumplir.
 
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