¿Qué trabajo nos reserva el futuro? Imprimir

El futuro comienza hoy, no mañana

-Papa Francisco

 

 

La red de Organizaciones de inspiración católica y la Comisión de los Episcopados de la Unión europea (COMECE) organizaron una conferencia en forma de debates en el Comité económico y social europeo el 27 de noviembre de 2018. La conferencia discutió del futuro del trabajo para las próximas generaciones en la era de la digitalización y la robotización. Sabemos que el mundo del trabajo se encuentra frente a numerosos cambios profundos, a una mundialización acelerada, al crecimiento de la inteligencia artificial por una parte, a los desafíos ecológicos y al crecimiento del desempleo por otra parte.

 

Varios expertos señalaron la importancia del trabajo en una perspectiva de diálogo interreligioso, y John Harley de Eurofound presentó una investigación sobre la cuestión de la accesibilidad al trabajo y sobre el desempleo, mencionando las oportunidades y las amenazas. La intervención de Sarah Prenger, presidenta de la Juventud Obrera Cristiana Internacional (JOCI) que leyó testimonios y  habló de las realidades de muchos jóvenes trabajadores de Europa, describiendo los desafíos a los que se enfrentan cotidianamente, fue la ocasión de confrontar los resultados de esas investigaciones.

 

La flexibilización debe ser clarificada.  El “trabajo flexible” puede parecer una buena idea, pero para la JOC, la flexibilidad significa contratos de corta duración en diferentes formas, trátese de contratos de 6 meses o de dos años, de contratos de un día o de contratos cero horas. El empleo directo se está convirtiendo en algo del pasado a causa del aumento de las agencias de trabajo temporal.

 

“No hay que ir lejos” declaró Sarah Prenger. Basta salir de este edificio y podemos encontrar a jóvenes con contratos de un día. Así funciona, llaman la agencia a la noche para saber si tendrán trabajo al otro día.  En caso positivo, trabajan un día. Muchos jóvenes en Europa ni siquiera están seguros de recibir un salario correcto.”

 

Además de la flexibilización, otro desafío existe: el respecto de los otros derechos. Por ejemplo, a pesar de las legislaciones de trabajo vigentes, el derecho a organizarse es a veces negado y el salario mínimo no es aplicado. Para los trabajadores, las consecuencias de esas condiciones de trabajo a corto plazo son similares en todas partes en Europa y a través del mundo entero: ninguna posibilidad de planificar el futuro, sentimiento permanente de inseguridad con efectos sobre el compromiso socio-político y sobre la voluntad de fundar una familia, reducción de la  seguridad social, impacto en la salud, desaceleración del consumo, y pérdida de confianza evidente en las instituciones democráticas y los partidos políticos.

 

El fenómeno creciente del trabajo independiente debe ser examinado con una mirada crítica. A veces, reemplaza simplemente las relaciones empleadores-empleados; en otros términos, son los trabajadores que soportan los riesgos y asumen su seguridad social. También es necesario estudiar la “gig economy” o economía de los trabajillos en plataformas digitales. A menudo, estos trabajos no brindan una protección social, los trabajadores asumen los riesgos y deben comprar su equipo ellos mismos. No tienen ninguna seguridad. Parecen ser independientes, pero de hecho las plataformas en línea actúan como empleadores.

 

La economía digital puede ser una estrategia para ocultar un trabajo útil en el campo de la producción o de los servicios. Las relaciones de trabajo no son claras, y es difícil ver quién es verdaderamente el empleador. Por otra parte, la posibilidad de trabajar en cualquier sitio y en cualquier momento coloca la presión sobre los trabajadores.

 

Hemos mencionado aquí la importancia del diálogo social”, explicó Sarah Prenger. “Sin embargo, en el caso de los contratos de corta duración y del ‘falso’ trabajo independiente, es muy difícil promover el diálogo social. ¿Cómo los trabajadores puedan modelar su lugar de trabajo si están allá solamente un día o si el empleador es la agencia temporal?”


Las condiciones de trabajo mencionadas anteriormente están en total contradicción con los valores de trabajo definidas por otros expertos. El trabajo tal como ha sido definido es más que un medio de ganar su vida. Hace parte integrante de la identidad humana y define el rol colectivo en la sociedad. Desde el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia católica, el trabajo debe ayudar a la persona humana a participar plenamente en la creación de la sociedad, permitiendo a los trabajadores de ver reconocida su dignidad individual, haciendo posible el desarrollo personal y la construcción de relaciones de proximidad con los otros. El trabajo es colectivo por naturaleza, no individual. Es aterrador ver que se está volviendo cada vez más individual.

 

Teniendo en cuento la importancia del trabajo, es necesario modelar el desarrollo actual que transforma el mundo del trabajo con el fin de asegurar a que cada uno y cada una, y la sociedad en su conjunto, se beneficien de ese cambio. La tendencia actual a la flexibilización del trabajo, la desregulación del trabajo y el desequilibrio creciente entre el trabajo y la vida privada constituyen indicadores explícitos de la necesidad de acciones y de reglamentaciones claras.

 

La educación encaminada a equipar a los jóvenes para que accedan al trabajo en la hora de la digitalización no es la única solución al problema creciente del desempleo. Como lo hemos indicado, muchos jóvenes, sobre todo en Europa, están calificados para un empleo pero no encuentran ofertas de empleo decentes.

 

La JOCI propone las acciones siguientes para reglamentar el mercado del trabajo:

•    Tomar medidas contra los contratos de corta duración. Los trabajadores temporales deben ganar el mismo salario decente y beneficiarse de la misma protección social que los trabajadores fijos.

•    Reducir las horas de trabajo para garantizar más tiempo a dedicar a la vida familiar y a una participación en la sociedad civil, así como para combatir el desempleo.

•    Garantizar el derecho de desconectarse del trabajo. Debemos instaurar una cultura de la indisponibilidad. Entre otras cosas, es necesario instaurar y proteger el día libre del domingo en todas partes en Europa, en particular en los sectores cuyo funcionamiento no es necesario cada día.

•    Gravar las transacciones financieras y utilizar los ingresos para garantizar una protección social para todos y todas.

•    Garantizar verdaderas inspecciones del trabajo. Esto significa que los Estados deben invertir más en ese campo.

 

 

Mientras que la mundialización está confrontada a la digitalización, el miedo no para de crecer entre los ciudadanos. Pero una cosa queda clara para nosotros, militantes y cristianos:  estamos animados por los valores de la fe y de la esperanza. Seguimos comprometidos frente a estos desafíos, y paralelamente a la celebración del Centenario de la fundación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), afirmamos nuestro compromiso con esta institución, porque la consideramos como uno de los más importantes contratos sociales de la historia, fundado en los principios siguientes: “No hay paz sin justicia”, “No dejemos a nadie atrás”, “Dignidad y respecto para cada trabajador”, “El trabajo no es una mercancía”.

 

Reiteramos nuestra voluntad de llevar a cabo la campaña de la JOCI por un trabajo justo para todas y todos, pidiendo un pleno empleo productivo, el respeto de los derechos fundamentales, la protección social y el diálogo social. La única vía posible es poner a la persona humana al centro de la sociedad, con derechos y responsabilidades.

 


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